Archivo mensual: abril 2012

La conspiración

Fuente: decine21.com

7/10

122 min. | Drama | Histórico

Público apropiado: Jóvenes

Año: 2010

País: EE.UU.

Dirección: Robert Redford

Intérpretes: James McAvoy, Alexis Bledel, Justin Long, Evan Rachel Wood, Robin Wright, Norman Reedus, Kevin Kline, Tom Wilkinson, Danny Huston

Guión: Gregory Bernstein, James D. Solomon

Música: Mark Isham

Fotografía: Newton Thomas Sigel

Tras una guerra civil traumática que ha desangrado a los Estados Unidos, el país sufre una auténtica conmoción por el asesinato de su presidente, Abraham Lincoln, cuando asistía a una representación teatral. Una serie de personas son detenidas bajo la acusación de conspirar para acabar con las vidad del presidente, vicepresidente y secretario de estado. La única mujer inculpada en un juicio ante un tribunal militar es la cuarentona Mary Surratt, que regentaba la casa de huéspedes donde se reunieron los otros acusados con el actor John Wilkes Booth, el autor material del magnicidio. Se encargará a regañadientes de su defensa el joven abogado Frederick Aiken, héroe de guerra en el bando de la Unión, quien poco a poco se involucra más a fondo en el caso, convencido de la inocencia de su cliente, pero también de que hay algo más en juego, el derecho de todo ciudadano a un juicio justo, por encima de afanes de venganza o de apaciguar a cualquier precio al pueblo.

 

Vibrante cine histórico encuadrable también en el atractivo subgénero del drama judicial, dirigido con estupendo clasicismo por Robert Redford, a quien le gustan las historias basadas en hechos reales, piénsese en sus film Quiz Show (El dilema). El cuidado guión de Gregory Bernstein y James D. Salomon sale airoso de lo que se dirían sus metas principales: describir un ambiente de posguerra aún crispado, donde todavía saltan chispas entre vencedores y vencidos, las heridas aún tardarán en ser restañadas, hay todavía mucho odio, rencor, miedo y prejucios acumulados; pintar el “viaje del héroe” acometido por un joven abogado, que sabrá hacer suyo un caso por el que no sentía ninguna atracción, aun a costa de ganarse el desprecio de “los suyos”; y atrapar el dilema de una madre, Mary Surratt, que nunca sacrificará a su hijo, en busca y captura como sospechoso de formar parte de la misma conspiración, aunque desarrolla una especie de relación materna inesperada con su abogado.

El film tiene la virtud de tener muy bien trenzadas las distintas subtramas, de saber crear intriga acerca de cuál será el veredicto, de ser emotivo respetando al mismo tiempo al espectador sin baratos trucos sensibleros. Es hermosa la paleta de colores apagados, una adecuada fotografía de Newton Thomas Sigel adecuada al luctuoso contexto histórico en que se sitúa la historia. Y el reparto está fantástico, tanto los actores principales, James McAvoy y Robin Wright, como otros más secundarios -Tom Wilkinson, Evan Rachel Wood, Kevin Kline, Danny Huston-, pero decisivos para armar esta sólida película. Se trata de la primera producción de The American Film Company, una compañía que tiene el loable propósito de abordar cine histórico, porque al decir de uno de sus responsables “la realidad supera la ficción no solo porque es más sorprendente sino también más interesante”.


El Havre

103 min. | Comedia | Drama

Público apropiado: Jóvenes

Fuente: decine21.com

9/10

Año: 2011

País: Finlandia

Dirección: Aki Kaurismäki

Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Kati Outinen, Jean-Pierre Darroussin, André Wilms, Elina Salo, Evelyne Didi, Blondin Miguel

Guión: Aki Kaurismäki

Fotografía: Timo Salminen

En el puerto de El Havre, en Francia, se descubre un container donde se ocultaba un númeroso grupo de inmigrantes africanos. Uno de ellos, Idrissa, un chaval, logra escabullirse de la policía, y acaba ofreciéndole refugio Marcel, un humilde limpiabotas, cuya esposa Arletty acaba de ser ingresada en el hospital por una grave enfermedad. Marcel no sólo da comida y un techo al chico, con la complicidad de un puñado de buenos amigos y vecinos, sino que hace averiguaciones acerca del paradero de su familia, con la que debía reunirse. Tarea arriesgada porque la huida de Idrissa ha ocupado titulares de primera página en los periódicos, y un avispado comisario recibe el encargo de resolver el caso lo antes posible.

Maravillosa película de Aki Kaurismäki, que fue injustamente ignorada en el palmarés del último Festival de Cannes, aunque en descargo del jurado hay que decir que el nivel de 2011 ha sido muy alto. El director finlandés sigue fiel a sus inconfundibles señas de identidad, lacónicos personajes de buen corazón, minimalismo, sobria puesta en escena, una iluminación y paleta de colores inconfundible. Eso sí, en esta ocasión rueda en francés una emocionante historia que pone sobre el tapete la cuestión de la inmigración, el modo inhumano con que tantas veces se afronta el drama de tantas personas que afrontan mil peligros en busca de una vida mejor.

Pero aparte de este tema social, tenemos sobre todo una historia muy humana, de magníficos y tiernos personajes, que viven al día pero saben desvivirse por amor por los que tienen alrededor. Conmueve el amor de Arletty que no quiere desvelar a su esposo lo serio que es el mal que la aqueja, esperando un milagro, aunque no frecuenten a menudo su barrio, con qué naturalidad se refiere el director a la fe de los personajes. La generosidad de Marcel para dedicar sus mejores esfuerzos a su inesperado invitado. El empeño de éste por ayudar y recabar dinero. Las pequeñas ayudas de unos y otros, algunas inesperadas y que conmueven. No falta algún villano, pero lo justo, sin cargar las tintas ni hacer leña del árbol caído.

Salvo error, todo el reparto, a excepción de la fiel Kati Outinen, trabaja por primera vez con Kaurismäki, y se pliegan a la perfección a su modo de hacer. Hay momentos ciertamente emocionantes, pero el último tramo de la cinta, el desenlace, que en manos de cualquier otro habría caído en la vulgaridad, demuestra con creces lo gran director que Aki es.


El ilusionista, de Jacques Tati

Fuente: decine21.com

88 min. | Animación

Público apropiado: Jóvenes

8/10

Año: 2010

País: Francia, Reino Unido

Dirección: Sylvain Chomet

Guión: Sylvain Chomet, Jacques Tati

Música: Sylvain Chomet

Un viejo mago se gana la vida haciendo trucos con su chistera, su conejo, sus cartas y sus apariciones de flores y monedas. Pero es un mago de los de antes y el público por los años sesenta ha cambiado. Es la época del incio de la música moderna y la televisión y a la gente le interesa más el rock & roll que cualquier ilusionista con sus pañuelos y su magia para niños… El protagonista sin embargo no cesará en su empeño de ir de un lugar a otro en busca de trabajo, desde París o Londres, hasta llegar a un pueblecito perdido de Escocia, donde una muchachita quedará encandilada con sus trucos.

Preciosa y tiernísima película dirigida con una impresionante maestría por Sylvain Chomet, quien en 2003 ya llamó la atención con Bienvenidos a Belleville. En este caso toma un guión original e inédito de 1956, escrito por el genio francés del cine cómico, Jacques Tati (1907-1982), y lo traslada a dibujos animados con resultados próximos a la obra maestra. No es casual ese apoyo en Tati, ya que todo en este film respira a ese genial cineasta, director de inolvidables películas como Día de fiesta o Las vacaciones del señor Hulot, desde la caracterización del protagonista –que es una traslación animada del propio Tati– hasta el humor propio de su cine, una comicidad basada en el gesto, en el slapstick, con ausencia prácticamente absoluta de diálogos (y ni falta que hacen). Se permite Chomet incluso un rendido homenaje a su mentor en una memorable escena en la que el mago entra en un cine donde están exhibiendo la genial película Mi tío… Y por supuesto hay una característica muy “tatiana” en el film: la bondad. No hay un solo personaje desagradable y las aventuras del protagonista y su pequeña amiga son de tal ternura, amor y sencillez que acaban siendo tumbativas hasta para el más escéptico.

La historia indaga en el fin de una época, la de la ilusión y la imaginación, un mundo pretérito donde los sueños podían hacerse realidad. El modo en que se muestra esa terrible conclusión es puro cine, pero también sorprende por su triste crudeza y su punto pesimista (y tan realista al fin y al cabo). De cualquier forma, el conjunto resulta memorable por la gran carga poética en numerosísimas secuencias e imágenes de gran belleza, con animación tradicional a base de dibujos sencillos y alargados que recuerdan un poco el estilo de Toulouse-Lautrec. Acompaña a todo una música muy adecuada y nostálgica creada por el propio Chomet, unos sonidos que retrotraen a tiempos de lánguidas trompetas de jazz o teclas pianísticas del compositor Erik Satie. Con todo merecimiento la película obtuvo la nominación al Oscar.