Archivo mensual: julio 2012

Sherlock Holmes: Juego de sombras *

Fuente: decine21.com

129 min. | Acción | Aventuras | Thriller

Público apropiado: Jóvenes

6/10

Año: 2011

País: EE.UU.

Dirección: Guy Ritchie

Intérpretes: Robert Downey Jr., Rachel McAdams, Jude Law, Noomi Rapace, Stephen Fry, Eddie Marsan, Geraldine James, Kelly Reilly, Jared Harris

Argumento: Arthur Conan Doyle (personajes)

Guión: Kieran Mulroney, Michele Mulroney

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Philippe Rousselot

Sherlock Holmes se diría que anda algo celoso ante los inminentes planes de boda de su buen amigo, el doctor Watson, sus compartidas aventuras podrían no ser lo mismo ante la nueva etapa conyugal. Sea como fuere, el caso es que ambos se van a ver envueltos, en lucha contra el villano profesor Moriarty, en una conspiración de proporciones insospechadas, donde las acciones descontroladas de los anarquistas quieren ser aprovechadas para imponer un nuevo orden mundial.

Como ya ocurría en Sherlock Holmes, Guy Ritchie retoma las andanzas del archicélebre detective reconvirtiéndolas en un gran espectáculo visual modernillo de aventuras, con un amplio lienzo que le hace visitar varios países europeos, y con la excusa argumental –urdida por el matrimonio de guionistas de Michele Mulroney y Kieran Mulroney–, que alude a anarquistas, terrorismo y totalitarismos, cuestiones que puede comprender bien el espectador actual. A ello se añade la mente maléfica de Moriarty, un malo que no parece de este mundo, y que podría conectar de alguna forma con el Joker versión Christopher Nolan en El caballero oscuro. En tal sentido, todo el duelo final con Holmes, su particular partida de ajedrez, resulta verdaderamente brillante, lo mejor de la cinta.

Una película entretenida, pero irregular, que requiere cierta complicidad. El ritmo trepidante con que se sirve la historia, con escenas al ralentí tipo Matrix donde Richie parece sentirse muy a gusto, a veces resulta adecuado, pero otras tantas llega a ser demasiado apabullante, aturde en exceso. Por suerte Ritchie y su equipo de guionistas saben jugar las bazas de la intriga y del sentido del humor con buen tino, aprovechando el buen hacer de Robert Downey Jr. y Jude Law, y también introduciendo al hermano mayor de Sherlock, un divertido Stephen Fry. Jared Harris como Moriarty es correcto, y menos fortuna tiene Noomi Rapace, con su gitana hermana de un anarquista, personaje demasiado esquemático.

 

 


La invención de Hugo

Fuente: decine21.com

8/10

126 min. | Aventuras | Thriller | Cine Familiar

Público apropiado: Todos

Año: 2011

País: EE.UU.

Dirección: Martin Scorsese

Intérpretes: Asa Butterfield, Chloë Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Christopher Lee, Emily Mortimer, Ray Winstone, Helen McCrory, Michael Stuhlbarg, Richard Griffiths, Jude Law

Argumento: Brian Selznick (libro)

Guión: John Logan

Música: Howard Shore

Fotografía: Robert Richardson

París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado.

Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens.

Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog…– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker.

Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar.

 

Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables.

Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.


Nannerl, la hermana de Mozart *

Fuente: decine21.com

120 min. | Drama

Público apropiado: Jóvenes-adultos

5/10

Año: 2011
País: Francia
Dirección: René Féret
Intérpretes: Marie Féret, Marc Barbé, Delphine Chuillot, David Moreau, Clovis Fouin, Lisa Féret, Adèle Leprêtre, Valentine Duval
Guión: René Féret
Música: Marie-Jeanne Serrero
Fotografía: Benjamín Echazarreta
Distribuye en cine: Absolut Media Films

Nannerl era el apelativo familiar de Maria Anna Mozart, hermana mayor de Wolfgang Amadeus. Su figura en el mundo de la música ha quedado un tanto ensombrecida por la fama de su brillante hermano. Pretende darla a conocer esta cinta del realizador y actor francés René Feret (Comme une étoile dans la nuit), más famoso en Francia que en el resto del mundo.

La cinta no reconstruye hechos históricos al pie de la letra, sino que presenta personajes reales en situaciones imaginarias. Se sitúa en la época en la que Leopold y Anna Maria Mozart, viajan a las principales cortes europeas para explotar el talento de sus dos hijos, Nannerl, ya adolescente, y el pequeño Wolfgang. Tras romperse el carruaje de la familia cuando tratan de llegar a un concierto en Versalles, son acogidos por la madre superiora de un convento donde viven Louise y el resto de las hermanas del Delfín de Francia, el futuro Luis XVI. Con éste tendrá un encuentro posteriormente Nannerl en la corte, para ponerle al día con respecto a su hermana Louise.

Destaca el trabajo como protagonista de Marie Féret, hija del realizador, joven actriz con mucho potencial, así como su hermana Lisa Féret, que encarna a Louise de Francia. La cinta viene a explicar que si Nannerl no llegó a ser una compositora de éxito, fue por culpa de las circunstancias de la época, que vetaba esta ocupación a las mujeres, y por la obstinación de su padre, que a pesar de su evidente valía, la apartó del violín, que en su opinión no era un instrumento femenino, y únicamente le permitía tocar el clavicordio y cantar.

Correctamente ambientada, a pesar de que no se trata de una gran superproducción, destaca la banda sonora de Marie-Jeanne Serrero, no por casualidad una mujer. Viene a imaginar qué habría creado una compositora en la época, y su trabajo tiene una gran sonoridad. También llama la atención la visión que se ofrece de Mozart niño, que para ser un genio parece muy poco brillante, en la línea del magistral film Amadeus, donde a pesar de su facilidad para crear partituras brillantes, se le presentaba como un cretino.


Jane Eyre *

Fuente: decine21.com

8/10

120 min. | Drama | Romántico
Público apropiado: Jóvenes

Año: 2010

País: Reino Unido
Dirección: Cary Fukunaga
Intérpretes: Mia Wasikowska, Jamie Bell, Michael Fassbender, Judi Dench, Sally Hawkins, Tamzin Merchant, Imogen Poots, Simon McBurney
Argumento: Charlotte Brontë (novela)
Guión: Moira Buffini
Música: Dario Marianelli
Fotografía: Adriano Goldman
Distribuye en cine: A Contracorriente

Una noche de tormenta en los páramos ingleses, una joven angustiada y sufriente corre desesperada en busca de refugio. La acoge John Rivers, devoto clérigo, que vive con sus hermanas. Y mientras Jane Eyre se repone, recuerda… Recuerda una vida de penalidades, su orfandad, los malos tratos de una cruel tía cuando era niña, la vida en un hospicio, y su llegada a una misteriosa casa para ser institutriz de la ahijada del taciturno pero fascinante Edward Rochester, cuyo agrio carácter tiene su causa en secretos no desvelados… Algo que le une a Jane, aunque ella ha sabido encajar mejor las piezas con aristas de su desdichada existencia.

Modélica adaptación de la novela de Charlotte Brontë. Cary Fukunaga supera con matrícula de honor el desafío de trasladar a la pantalla una obra literaria clásica y muy querida, que ya contaba con buenas versiones, como la que une a Joan Fontaine y Orson Welles -Jane Eyre (Alma rebelde)-, o las dirigidas por Delbert Mann y Franco Zeffirelli. Verdaderamente hay una magnífica conjunción entre el libreto urdido por Moira Buffini -guionista también de Tamara Drewe- y la brillante dirección de Fukunaga, que cambia completamente de registro tras abordar la inmigración con gran realismo y maestría en Sin nombre. Pues el guión tiene perfectamente situados los saltos temporales, y se ha hecho además una impecable labor de condensación, abreviando pasajes como los del orfanato, sin quitar por ello a la cosa ni un ápice de dramatismo. De modo que cobran gran intensidad algunas conversaciones, intercambios dialécticos maravillosos sobre cómo enfocar la propia vida en medio de la contrariedad, de Jane (Mia Wasikowska) con su tía (Sally Fields), el ama de llaves (Judi Dench), el “rescatador” Rivers (Jamie Bell), y, por supuesto, el atormentado Edward (Michael Fassbender). Qué fantástico reparto.

De lo dicho hasta podría deducirse, erróneamente, que estamos ante un film muy literario, con farragosas parrafadas. Nada más alejado de la realidad. Pues al logro de un guión de hierro, se suma el de una narración muy cinematográfica, en que se crea una adecuada atmósfera ya desde los comienzos, esa cámara agitada que refleja el estado anímico de Eyre, acompañada de unas voces deformadas y apenas audibles con las que el espectador es invitado a compartir su turbación. La paleta de colores apagados, la neblina, el caballo asustado, las habitaciones apenas iluminadas, todo contribuye al aire gótico y misterioso de una cinta redonda, donde a cada personaje se le sabe dar un peso, ya sea para destacarlo o para desdibujarlo, véase el caso de la novia oficial de de Edward. Quizá estamos ante la adaptación definitiva de la obra más conocida de la mayor de las hermanas Brontë.


Moneyball *

Fuente: decine21.com

7/10

133 min. | Drama
Público apropiado: Jóvenes

Año: 2011

País: EE.UU.
Dirección: Bennett Miller
Intérpretes: Chris Pratt, Kathryn Morris, Glenn Morshower, Tammy Blanchard, Brad Pitt, Robin Wright, Jonah Hill, Philip Seymour Hoffman
Argumento: Michael Lewis (libro)
Guión: Steven Zaillian, Aaron Sorkin, Stan Chervin
Música: Michael Danna
Fotografía: Wally Pfister
Distribuye en cine: Sony

“Resulta difícil no enamorarse del béisbol”, dice el personaje de Brad Pitt hacia el final del metraje de este film. Los que no estén de acuerdo con esta afirmación, que abundan más fuera de los Estados Unidos, convendrán en que Hollywood ha sido capaz a lo largo de los años de producir buenas películas sobre esta disciplina deportiva, capaces de convencer a los no apasionados de los bates que ni siquiera entienden las reglas, desde la legendaria El orgullo de los yankees hasta títulos como El mejor o Campo de sueños.

Moneyball se centra en la hazaña real de Billy Beane, manager de los Athletics de Oakland, equipo condenado al fracaso porque su presupuesto está a años luz de los grandes clubes, en un sistema injusto donde el poder económico lo marca todo. Con ayuda de Peter Brand, un joven licenciado en Economía por Yale, pone en marcha un sistema innovador para fichar a jugadores infravalorados por su comportamiento, su estética, o prejuicios variopintos, pero que anotan muchas más carreras que otros que cobran un dinero exorbitante. Gracias a eso el equipo va a sorprender bastante a los aficionados y periodistas…

Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, “Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game”, que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes.

Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin –de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres–, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura.

Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección.

El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio, Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.


War Horse (Caballo de batalla)

Fuente: decine21.com

8/10

146 min. | Bélico | Drama

Público apropiado: Jóvenes

Año: 2011

País: EE.UU., Reino Unido

Dirección: Steven Spielberg

Intérpretes: Emily Watson, David Thewlis, Peter Mullan, Niels Arestrup, Tom Hiddleston, Jeremy Irvine, Benedict Cumberbatch, Toby Kebbell

Argumento: Michael Morpurgo (novela)

Guión: Richard Curtis, Lee Hall

Música: John Williams

Fotografía: Janusz Kaminski

Distribuye en cine: Walt Disney

Vísperas de la Primera Guerra Mundial en Inglaterra. El tozudo Ted Narracott se empeña en comprar un caballo pura sangre para las tareas de su granja pagando un elevado precio, por una estúpida rivalidad con el terrateniente que le arrienda sus tierras. Su joven hijo Albert se ocupará de domar a Joey para lograr lo que parece imposible, que sea capaz de arar un campo. Las dificultades económicas obligarán a vender al caballo al ejército, el primer paso de un emocionante periplo para el animal, que se prolonga a lo largo de toda la contienda.

Notable adaptación de la novela de Michael Morpurgo, que estaba narrada con talento desde el punto de vista del caballo del título. Steven Spielberg y sus dos guionistas Richard Curtis y Lee Hall han renunciado a intentar trasladar esta óptica a la pantalla, un desafío del que seguramente podían haber salido escaldados, lo que no obsta para que en un buen puñado de escenas Joey sea protagonista principal, y exista una clara fidelidad al original. De modo que el film sigue un enfoque más tradicional, en la línea del western Winchester 73, en que vemos cómo el caballo pasa por distintas manos que se ocupan de él, la primera de ellas y la más importante la del joven Albert. Ello permite presentar distintos escenarios y personajes donde cambia el tono, pero siempre está presente la humanidad, seres de carne y hueso con ilusiones, y que al tiempo sufren diversas penalidades: los padres sufridores, el oficial de palabra, los adolescentes obligados a alistarse, el cuidador de caballos, el abuelo que se ocupa de su nieta enferma… Hay acierto en un reparto sin grandes estrellas pero sí con grandes actores.

No se hurta el horror de la guerra y el inevitable miedo, pero no hay regodeo en mostrar sus peores efectos, prevaleciendo en cambio el tono épico, la idea del cumplimiento del deber y de la lucha como “brothers in arms”, en el combate todos son hermanos aunque hayan podido tener diferencias. Ayuda mucho a la atmósfera la formidable partitura musical de John Williams. En realidad gran parte del equipo habitual de Spielberg -el director de fotografía Janusz Kaminski, el montador Michael Khan, la productora Kathleen Kennedy…- ayudan a que la ambientación sea perfecta.

Hay mucha cinefilia y maravilloso clasicismo en el film de Spielberg, mucho más logrado que su otro trabajo de 2011, la tarea imposible de llevar Tintín satisfactoriamente a la pantalla grande. Enmarcan el film pasajes deudores de John Ford, el desafío en la granja del primer acto, o la escena con el sol poniéndose con que se llega al final. Pero entre medias hay guerra, mucha guerra, la maravillosa carga de la caballería, o las trincheras que nos retrotraen a Stanley Kubrick y sus Senderos de gloria. Hay momentos maravillosos, que sólo el talento de un gran cineasta sería capaz de pasar satisfactoriamente del papel a la pantalla: destaca esa versión equina de la tregua de Feliz Navidad, o aquel que no es cuestión de destripar y que podríamos calificar de “milagroso”, con un “ciego que ve” y un incrédulo que no mete las llagas en ningún costado como Santo Tomás, pero casi.

 


Arrugas *

Fuente: decine21.com

6/10

89 min. | Animación | Cómic

Público apropiado: Jóvenes-adultos

Año: 2011

País: España

Dirección: Ignacio Ferreras

Argumento: Paco Roca (cómic)

Guión: Ángel de la Cruz, Rosanna Cecchini, Ignacio Ferreras, Paco Roca

Fotografía: David Cubero

Primer largometraje como director de Ignacio Ferreras, que ha colaborado en los ‘storyboards’ de Asterix y los vikingos y la serie Rugrats. Le produce Manuel Cristóbal, todo un veterano de la animación hispana, pues ha estado detrás de títulos como El bosque animado, El sueño de una noche de San Juan, o El lince perdido. Ambos acometen la adaptación de la novela gráfica homónima de Paco Roca, con la que ganó el Premio Nacional de Cómic en 2008. Han logrado la hazaña de colarse entre los finalistas a los premios Annie, los más importantes del mundo de los dibujos animados, y entre los 18 finalistas previos a las nominaciones para el Oscar al mejor largometraje animado.

Emilio ha pasado toda su vida trabajando duramente, como director de una sucursal bancaria de barrio, para sacar adelante a su familia. Pero tras jubilarse, sufre pérdidas de memoria, y se ha convertido en una carga para su hijo y su nuera, que deciden enviarle a una residencia de ancianos, donde estará mucho mejor atendido. El sitio tiene pocas posibilidades, pues los otros internos se limitan a dormir y comer, no se sabe muy bien si se puede cambiar el canal de la televisión que siempre muestra documentales de animales, la piscina parece instalada únicamente para impresionar a los hijos de los residentes, etc. Pero Emilio entabla amistad con Miguel, un pícaro abuelillo que aunque nació en España ha vivido siempre en Argentina, y que le ayudará cuando su memoria se deteriore todavía más.

El guión, en el que ha intervenido el propio autor de la obra original, traduce milimétricamente las viñetas a la pantalla hasta el punto de que apenas se aprecia nada nuevo. Ha sido traducido en imágenes con una animación bastante limitada pero lo suficientemente imaginativa como para que la historia se desarrolle con la suficiente fluidez. Además, sus personajes son bastante humanos y expresivos, sobre todo algunos secundarios fácilmente reconocibles, como la señora que acumula sobrecitos de te y ketchup para dárselos a su nieto, una mujer que teme que le rapten los marcianos, el que cuenta todo el rato su triunfo como atleta, el viejo verde, etc. Los describe a todos de forma agridulce.

El principal valor del film es que se estrenan pocas cintas sobre residencias de ancianos, y divulga una realidad apenas tratada en el cine, y mucho menos desde el punto de vista de los que van a vivir en una. Y lo hace con extrema sensibilidad hasta el punto de que el final acaba resultando bastante emotivo. Además, trata con enorme inteligencia temas de gran calado, en cierto modo inauditos para una producción de dibujos animados, como la tentación del suicidio en casos de gravedad extrema, el valor del cariño hacia enfermos que no pueden comunicarse, el recurso a la evasión para sobrellevar la tristeza, y sobre todo la necesidad de amistad en los momentos difíciles. Arrugas ofrece una visión positiva de todos ellos, a través de un tono tragicómico, que sin esconder la realidad del tema sobre el que habla, incorpora cierto sentido del humor y muchísima humanidad.