Archivo mensual: abril 2013

EL HOBBIT. UN VIAJE INESPERADO

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El hobbit: Un viaje inesperado
The Hobbit: an Unexpected Journey
169 min. | Aventuras | Drama | Épico | Fantástico

País: EE.UU., Nueva Zelanda

Dirección: Peter Jackson

Intérpretes: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Stephen Hunter, James Nesbitt, William Kircher, Ken Stott, Graham McTavish, Jed Brophy, Dean O’Gorman, Peter Hambleton, John Callen, Adam Brown, Aidan Turner, Ian Holm, Elijah Wood, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Christopher Lee, Andy Serkis, Sylvester McCoy

Bilbo Bolsón es un hobbit de la Comarca, que como todos los suyos ama la vida hogareña, las fiestas y los amigos, la paz y la tranquilidad. Pero un día llama a su puerta el mago Gandalf, que para Bilbo es sólo un recuerdo de la infancia, el tipo que organizaba en el solsticio de verano unos magníficos fuegos artificiales. Hombre sabio que escudriña en el interior de las personas, cree que Bilbo es justo el hombre que necesitan trece enanos liderados por Thorin Escudo de Roble, quienes, despojados tiempo atrás por el dragón Smaug y los trasgos de todo lo suyo, vagan sin poder llamar a ningún sitio su hogar. En efecto, los trece enanos planean viajar a la Montaña Solitaria para recuperar sus antiguas posesiones, actualmente en poder de Smaug.

Se ha hecho esperar la adaptación de “El hobbit”, la primera obra de J.R.R. Tolkien situada antes de los acontecimientos de “El Señor de los Anillos”, convertida en trilogía de películas dirigidas por el neozelandés Peter Jackson. Aquí, tras amagar con confiar la dirección a Guillermo del Toro, finalmente el mexicano figura como coguionista con el propio Jackson, Philippa Boyens y Fran Walsh, poniéndose él finalmente detrás de la cámara. Si “El Señor de los Anillos” daba claramente para tres películas, e incluso para seis, se hacía necesario suprimir pasajes de la obra de Tolkien, aquí claramente la decisión de entregar tres filmes se antoja exagerada y descaradamente comercial, lo que obliga a estirar las escenas de acción, batallas muy espectaculares y bien rodadas, pero que apabullan. Ello más la invitación a personajes de “El Señor de los Anillos” que no aparecen en “El hobbit” de Tolkien, pero que aquí tienen su papel, medianamente justificado.

Dicho lo anterior, y pese a que el film se hace largo, hay que reconocer que El hobbit: un viaje inesperado es, además de un gran espectáculo donde al carácter de cuento se le aplican proporciones épicas de gran “scope” en muchos pasajes, una película fiel a Tolkien en lo esencial. El amor por el hogar, dulce hogar; el perdón a los enemigos, mayor muestra de coraje que rebanarles el pescuezo; el heroísmo cotidiano y salido del corazón de los pequeños –¿o habría que decir “medianos”?–, de mayor valor que los combates vistosos guiados por la furia. Estos elementos conceden gran parte de su grandeza al film, al igual que los divertidos momentos humorísticos, bien trenzados.

Aunque muchos espectadores se quedarán sobre todo en los magníficos paisajes neozelandeses, las criaturas como orcos, trasgos y águilas, o lo que se esconde en las entrañas de la Tierra, al final lo que cuenta son las emociones que transmiten los personajes, bien presentes en los intercambios entre Gandalf y Bilbo, Bilbo y los enanos, en particular Thorin, o Gandalf y cierta dama élfica, y, por supuesto, Bilbo y Gollum. Martin Freeman como Bilbo se revela una magnífica elección para el papel protagonista.


LO IMPOSIBLE**

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The Impossible**

Fuente: Fila 7
113 min. | Acción | Drama

País: España

Dirección: Juan Antonio Bayona

Intérpretes: Ewan McGregor, Naomi Watts, Tom Holland (II), Geraldine Chaplin, Marta Etura, Sönke Möhring, Dominic Power, Samuel Joslin

Guión: Sergio G. Sánchez

Lo imposible se encuadra en un género, el catastrofista, que se presta mucho al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados…

En Lo imposible se nos cuenta la historia -basada en un caso real- de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional.

Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwood en uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez en El orfanato no fue un espejismo.

Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos a otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.


AMOR BAJO EL ESPINO BLANCO

Amor bajo el espino blanco                    FUENTE: decine21
Shan zha shu zhi lian
114 min. | Drama | Romántico
País: China

Dirección: Zhang Yimou

Intérpretes: Zhou Dongyu, Dou Shawn, Xi Meijuan, Li Xuejian, Chen Taisheng, Sa Rina, Lü Liping, Jiang Ruijia

Argumento: Mi Ai (novela)

Guión: Yin Lichuan, Gu Xiaobai, Ah Mei

Años de la revolución cultural. La familia de Jhing ha sido obligada a trasladarse al campo, mientras su padre está en prisión por sus ideas políticas, ella debe esforzarse para prepararse como maestra demostrando lealtad al partido, sin dar un paso en falso que le haga recaer a ella y a los suyos en desgracia. Conocerá a Sun, un joven bien plantado, que hace trabajo de campo para el instituto geológico, y cuyo padre tiene buenas conexiones con el régimen. Ambos se enamoran perdidamente y mantienen una tierna y limpia relación, aunque evitando que sea conocida públicamente, por las posibles repercusiones que podría tener en el futuro de una y otro.

Zhang Yimou demostró la fuerza y delicadeza con que puede manejar una historia de amor en El camino a casa (1999). El cineasta vuelve a recorrer este terreno con más sencillez pero igual talento a través de un enamoramiento adolescente muy bien contado, tremendamente romántico, donde evita dos enormes riesgos, la grosería y la cursilería. Lo hace adaptando una novela de Mi Ai, en que orilla bastante la cuestión política -aunque no deja de mostrar los excesos del culto a la personalidad de Mao y al partido en aquella época, en una sorprendente escena de musical, o la presión asfixiante que padecen los supuestos disidentes-, para centrarse en lo humano, el entorno familiar -la madre prudente, la complicidad de los hermanos pequeños en el secreto del noviazgo- y sobre todo el seguimiento a la pareja protagonista, donde sorprende gratamente el elogio al respeto del otro, la no-reducción del amor a lo físico, aunque sea manejando sin ñoñerías unas sorprendentes ingenuidad e inocencia. En este aspecto juega al contraste con otra relación de final infeliz, un aborto, que aunque en el film sea un tema marginal, permite hacerse idea de lo muy introducido y banalizado que está esta práctica en la sociedad china.

La imagen del árbol de espinas que abre y cierra el film sirve como metáfora para abordar también el tema del dolor, la enfermedad que puede truncar los mejores sueños, aunque nunca puede matar el amor. Uno de los grandes logros de Yimou es su lirismo, en escenas que manejadas por otras manos darían seguramente grima. Los jóvenes Zhou Dongyu y Dou Shawn, sobre todo la primera, hacen un trabajo actoral maravilloso.


FOR GREATER GLORY (Cristiada)

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FOR GREATER GLORY (CRISTIADA) fuente. almudi.org

Dirección: Dean Wright
Año: 2013
Dirección: Dean Wright. País: México. Año: 2012. Género: Drama, bélico. Interpretación: Andy Garcia (general Enrique Gorostieta), Bruce Greenwood (embajador Dwight Morrow), Peter O’Toole (padre Christopher), Eva Longoria (Tulita Gorostieta), Oscar Isaac (Victoriano “El Catorce” Ramírez), , Rubén Blades (presidente Plutarco Elías), Catalina Sandino Moreno (Adriana), Nestor Carbonell (mayor Picazo), Santiago Cabrera (padre Vega). Guion: Michael Love. Producción: Pablo Jose Barroso. Música: James Horner. Fotografía: Eduardo Martínez Solares.

Una apasionante y conmovedora historia de gente que luchó por su libertad, por su identidad, por librar a su país de la tiranía.

Ha llegado por fin a nuestras pantallas la esperada “Cristiada”, que se ha estrenado con el título de “For Greater Glory”, traducible como “Para mayor gloria”. Se trata de una impresionante y conmovedora recreación de la Guerra Cristera mexicana y, en concreto, del martirio del niño de catorce años José Sánchez del Río. Temas difíciles, tratados con exquisitez y acierto, que convierten a esta película en una de esas cintas imprescindibles para la historiografía fílmica de la Iglesia.

Capital mexicano se pone al servicio de esta superproducción rodada en inglés, con la que debuta como director el estadounidense Dean Wright, nominado al Oscar 2006 a los mejores efectos visuales por “Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario”, y anteriormente conocido por sus trabajos en “Titanic” y en la saga de “El Señor de los Anillos”. Tras reunir varios guiones sobre la Cristiada o Guerra Cristera, el productor mexicano Pablo José Barroso contrató al guionista hollywoodiense Michael Love (“Gaby, una historia verdadera”, “Extraños caminos”, “La Leyenda del Tesoro”) para que unificase las historias, y afrontar así una producción de unos 12 millones de dólares en torno a las luces y sombras de aquellos sucesos, que llenaron de sangre las páginas de la historia de México y de la Iglesia católica en los años veinte del siglo pasado.

La película abarca desde el 14 de junio de 1926, con la promulgación de la ley anticatólica del presidente revolucionario Plutarco Elías Calles, hasta el acuerdo de 1929 entre México y Roma, propiciado por Estados Unidos, y que acabó con la primera y principal revuelta cristera. La llamada Ley Calles supuso de hecho el asesinato público de sacerdotes y laicos católicos, la destrucción de iglesias y la persecución a muerte de cualquier síntoma de religiosidad. Gran parte del pueblo creyente, y algunos sacerdotes, decidieron parar esa barbarie a toda costa, y acabaron empuñando las armas contra el Gobierno, principalmente en los Estados de Guanajuato, Colima, Querétaro, Michoacán y Jalisco. Comenzó así la Guerra Cristera, que dejó 70.000 muertos en ambos bandos y provocó el desplazamiento de unas 200.000 personas.

En el filme están nítidamente dibujadas las principales fisonomías que se pueden encontrar en una disyuntiva histórica como la Guerra Cristera: el mártir, el apóstata, el converso, el cura guerrillero, el cristófobo, el vengativo… Y la película deja muy claro que la posición del mártir es la más fiel a la vocación cristiana. Además, los personajes que encarnan cada una de esas opciones tienen un desarrollo dramático complejo, propio de un buen guion.

En la película hay tres mártires que sin duda son el punto más luminoso de toda la enorme galería de personajes: el niño José Sánchez del Río —muy bien interpretado por Mauricio Kuri—, su maestro el Padre Christopher —encarnado por un breve pero conmovedor Peter O’Toole—, y Anacleto González Flores, un abogado pacifista al que da vida Eduardo Verástegui. Aunque en los tres tiene luz propia la fuerza de su fe, es el caso del niño José el más impactante por su evolución, su radicalidad y también su dureza. José tiene muchas oportunidades de salvar la vida: sólo tiene que negar a Cristo. Pero ni la tortura ni el dolor de sus padres podrán disuadirle de gritar “¡Viva Cristo Rey!” hasta el momento final. Las tres muertes están rodadas con un cierto hiperrealismo, no morboso ni gore, pero su resultado es muy verista y estremecedor. De ellos, es el Padre Christopher el que deja más claro su rechazo de la violencia en nombre del Evangelio. José Sánchez del Río y Anacleto González Flores —denominado “el Gandhi mexicano”— fueron declarados beatos en 2005 por Benedicto XVI. Tres años antes, en 2002, Juan Pablo II había canonizado al sacerdote Cristóbal Magallanes y a otros mártires cristeros, sacerdotes y laicos, incluido el Padre José María Robles, que en la película interpretaba brevemente Raúl Adalid.

Otro personaje interesante es Enrique Gorostieta, un militar descreído que acepta liderar las tropas cristeras por dinero y ambición de poder. Pero los testimonios que descubre a su alrededor, y especialmente el del niño José, van a ir cambiando su corazón hacia el encuentro con la fe. Andy García interpreta brillantemente a este general, que sobre el papel podía resultar antipático al público, y que el actor de origen cubano hace atractivo desde el primer instante. Tanto Gorostieta como el combativo Padre Vega —encarnado por el venezolano Santiago Cabrera— representan la contradicción entre violencia y cristianismo. Ellos discuten sobre el asunto, y son conscientes de que sus decisiones necesitan del perdón de Dios. Hacen un camino de cierto arrepentimiento que les lleva hacia la confesión.


LA VIDA DE PI

 

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La vida de Pi
Life of Pi
127 min. | Aventuras | Drama

Dirección: Ang Lee

Intérpretes: Suraj Sharma, Ayush Tandon, Irrfan Khan, Tabu, Adil Hussain, Gérard Depardieu, Rafe Spall, Gautam Belur

Argumento: Yann Martel (novela)

Un escritor necesitado de inspiración concierta por recomendación de un amigo suyo una entrevista en Canadá con Piscine Militor Patel, conocido abreviadamente como Pi. De origen indio, supuestamente Pi es dueño de una historia increíble sobre su propia vida, tan asombrosa que cualquiera que la escuche acaba creyendo necesariamente en Dios. Intrigado, el escritor escucha el sugestivo relato de Pi, cuya familia tenía un zoo en Pondicherry, en la India en los años 70. Su padre se ve obligado a desprenderse del negocio, y viaja con los suyos rumbo a Canadá, dispuesto a vender allí a los animales. Fatalmente el barco japonés en el que navegan naufraga, y Pi sobrevive en una barca con la única compañía de Richard Parker, que a pesar de tener un nombre tan humano se trata nada menos que de un fiero tigre.

Inspirada y sensible adaptación de la novela de Yann Martel, que a priori parecía infilmable, sobre todo en lo referente a la odisea de Pi joven, en medio de las aguas del océano, conviviendo con un tigre y enfrentado a los elementos de la naturaleza. El guión de David Magee (que también escribió el libreto de Descubriendo Nunca Jamás, con la que tiene algunos puntos en común) se estructura alrededor de la entrevista que el escritor tiene con Pi, lo que da pie a un relato punteado con medida por la voz en off del protagonista adulto. Y Ang Lee insufla el relato de una increíble imaginería.

Pi niño, Pi joven, Pi adulto. En Pondicherry, en el mar, en Canadá. En estas circunstancias y con distintos tonos conocemos la vida de Pi y la sabiduría que ha ido adquiriendo con el paso de los años. La parte de la infancia en India tiene algún momento humorístico –la explicación del nombre del protagonista–, pero también pasajes más reflexivos, ya sea el de la la educación a la hora de hablar de la peligrosidad del tigre, o los relativos a la atracción que Pi siente por las distintas religiones, ya sea el hinduismo familiar, el cristianismo del que charla con un sacerdote, o el islam que observa en una cercana mezquita. En efecto, la fe en Dios tiene gran importancia en toda la cinta, la búsqueda del Ser Supremo a quien todo debemos, y ello no con una visión simplona de que todo viene a ser lo mismo, o de que en el “supermercado religioso” hay que servirse lo que a uno más le apetece, sino subrayando el trato personal con la oración y el seguimiento del itinerario que uno piensa que debe seguir, en apertura a la verdad.

También tiene peso en La vida de Pi la idea de la educación –familiar, proporcionada por personas sabias, de la propia experiencia vital, de tradiciones e historias transmitidas de unos a otros…–, representada singularmente por el personaje del padre, un referente expresamente mencionado por Pi, y de la que se sugiera una continuidad por la última escena en que vemos al protagonista con la familia que él mismo ha formado. Y otro acierto es no ceder a la tentación de convertir al tigre en algo distinto a lo que es, un majestuoso, hermoso y fiero animal. No, no tenemos por suerte un gato grande con rasgos casi humanos.

Ang Lee experimenta por primera vez con el 3D, y como otros grandes directores –James Cameron, Martin Scorsese, Wim Wenders, Werner Herzog…– demuestra que se puede sacar partido creativo a este formato y a la tecnología digital. Las imágenes que vemos son de gran belleza de modo que muchos pasajes respiran un aliento poético que encaja muy bien con la idea omnipresente de que Dios juega un papel en la vida del ser humano. De tal modo que el espectador parece obligado a aceptar que, en La vida de Pi, las aguas, los animales, la isla, forman parte del mundo real, no tiene uno sensación de ser testigo pasivo de un cuentecillo de corte fantástico.

La película no cuenta con actores conocidos, a excepción de Gérard Depardieu en un brevísimo papel. Pero los actores indios, empezando por el que soporta mayor peso, el debutante Suraj Sharma que encarna al juvenil Pi, están muy bien, se hacen entrañables. Uno está tentado de comparar La vida de Pi con Slumdog Millionaire, ambas películas manejan perfectamente historias indias que tienen detrás a grandes directores de otras culturas, aquí el taiwanés Ang Lee, en la otra el británico Danny Boyle. Y entrevista o interrogatorio sirven para contar el asombroso ingreso en la madurez de un joven indio.


EL FRAUDE*

EL FRAUDE**

fuente: almudi.org

Dirección y guion: Nicholas Jarecki. País: USA. Año: 2012. Duración: 107 min. Género: Drama, thriller. Interpretación: Richard Gere (Robert Miller), Susan Sarandon (Ellen Miller), Tim Roth (Detective Michael Bryer), Laetitia Casta (Julie), Brit Marling (Brooke Miller), Nate Parker (Jimmy), Bruce Altman (Chris). Producción: Laura Bickford, Justin Nappi, Kevin Turen y Robert

El protagonista de “El fraude” es Robert Miller, un magnate que en la víspera de su 60º cumpleaños parece el perfecto retrato del éxito americano en su vida profesional y familiar, siempre acompañado por su fiel mujer Ellen (Susan Sarandon) y Brooke (Brit Marling), su hija y heredera de su imperio. Pero tras los dorados muros de su mansión, Miller está con el agua al cuello, desesperado por completar la venta de su imperio a un gran banco antes de que quede expuesto un fraude que ha cometido. Además, mantiene un romance con una marchante de arte francesa (Laetitia Casta). Justo cuando se dispone a deshacerse de su problemático imperio, un sangriento e inesperado error le obliga a reencontrarse con un fantasma de su pasado y a enfrentarse a los límites de su doble moral.

El fraude es una película más que urde su argumento al amparo de la crisis económica mundial. El director y guionista Nicholas Jarecki, debuta en el largometraje poniendo una vez más sobre el tapete el tema de la doble moral, de la vida falsa de tantos magnates, para quienes las empresas son sólo sus herramientas para adquirir poder, donde el dinero es el ídolo que manda sobre cualquier otra cosa, ya sea la verdad, las personas o la propia integridad. No está demás dejar claro que es esa falta de ética –“así son los negocios”, dice el protagonista– lo que ha llevado a la ruina a países enteros. Funciona en El fraude este tono dramático, con un empresario que se siente entre la espada y la pared, pero también el equilibrado enfoque de thriller policiaco, con esa especie de perro de presa personificado en el detective interpretado con gran soltura por Tim Roth.

Queda así un thriller notable, más sólido en su trama melodramática que en su intriga policial —un tanto plana y deslavazada—, y de gran actualidad por su disección de la codicia materialista que late en el origen de la actual crisis económica. Una disección muy inquietante, sobre todo por el demoledor desenlace del filme


EL TOPO**

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Público apropiado: Jóvenes-adultos

8/10

fuente: decine21

Tinker, Tailor, Soldier, Spy
127 min. | Drama | Thriller

Público apropiado: Jóvenes-adultos
Año: 2011
País: Alemania, Reino Unido
Dirección: Tomas Alfredson
Intérpretes: Gary Oldman, Colin Firth, Tom Hardy, Mark Strong, Benedict Cumberbatch, Ciarán Hinds, Stephen Graham, David Dencik, Toby Jones, John Hurt, Kathy Burke, Konstantin Khabenskiy, Simon McBurney, Svetlana Khodchenkova
Argumento: John le Carré (novela)

Años 70. Los servicios de espionaje británicos están en entredicho tras el fiasco de una operación encubierta en Budapest, Hungría. Son los años de la guerra fría, y todo apunta a que la Unión Soviética tiene infiltrado un topo en la cúpula del MI6. Para descubrir su identidad, el gobierno acude a uno de sus mejores agentes, George Smiley, que fue obligado a jubilarse unos meses atrás. Se diría que Smiley y otros veteranos espías han sido retirados de la actividad gracias a las jugadas maestras de Karla, uno de los jefes de los espías soviéticos, que mueve con extrema habilidad la pieza de su topo en el gran tablero ajedrecístico del espionaje.

Intensa y lograda adaptación de la que seguramente es la mejor novela de espías de John le Carré. No era una tarea sencilla armar en dos horas esta tupida tela de araña argumental, ya que existe una excelente miniserie televisiva de 1979 de más de cinco horas, Calderero, sastre, soldado, espía, basada en la misma obra, con un reparto fantástico encabezado por Alec Guinness. Aquí toma el relevo en el rol de inteligentísimo espía gris Gary Oldman, y le acompaña un elenco de actores maravilloso, estamos ante la clásica película que merecería un Oscar al mejor reparto si tal categoría existiera en los premios de la Academia.

Tiene gran mérito el guión trabado por Bridget O’Connor y Peter Straughan, hay una sabia labor de condensación de la novela y disposición de los saltos temporales, agil e intrigante, que conserva la emoción del original junto a esa presentación del mundo de los espías como un mundo gris y burocrático, en que las hojas impiden ver el bosque, con el peligro de olvidar en qué y para qué está uno trabajando.

Si en Déjame entrar el sueco Tomas Alfredson tenía el mérito de mostrar vampiros en un entorno realista, quizá aquí su gran aportación es presentar a los espías como almas en penas que arrastran sus existencias hacia no se sabe dónde. De algún modo estaríamos ante la otra cara de la misma moneda, hay algo etéreo e inconsistente en ese mundo de duplicidades y traiciones, donde conceptos como lealtad y patriotismo se desdibujan, y el amor de una esposa o unos hijos es sacrificado, ahí está la “fantasmal” Anne, la eternamente nombrada y apenas vislumbrada mujer de Smiley, que tanto le hace sufrir.

Logra el director decir mucho sin palabras, lo que tiene gran mérito en una película donde los diálogos con nombres e información importantes no escasean. Las miradas entre los “camaradas de armas”, los silencios que siguen a frases significativas, el espejo que resulta ser un niño para uno de ellos, todo tiene importancia, y Alfredson sabe sacarle valioso partido para dotar a su película de la misma densidad que presentaba la novela de Le Carré, y mostrar con pudor, como pidiendo perdón, las heridas que los personajes presentan en sus almas.